Hay veces en las que un minuto, un segundo, pueden cambiar la vida por completo. Nada es ya como parecía ser. Ya no distingues el bien ni el mal, aunque, en aquellos momentos en los que la vida te da un giro de ciento ochenta grados, cuando todo se desmorona a tu alrededor, suele ser cuando tu mente encuentra el camino.
La niebla desconcertante se disipa, todo se ve claro, como si hubieras estado teniendo una cortina invisible que te impidiera ver las cosas tal y como son. Cuando de repente lo ves claro, el dolor es más soportable. Aunque, precisamente debido a esa frágil alegría, la pesona es más vulnerable que nunca. Se la ha facilitado algo que, desde hace mucho o poco tiempo, no ha podido sentir. Se reconoce esa jovialidad, ese sentimiento de optimismo que puede transformarla en un ser diferente. Pero, como lo ha rescatado del pasado, sabe que sólo es una porción ínfima de lo que de verdad puede llegar a sentir. Entonces la amargura por tener todo aquel torrente de felicidad, puro y sincero, hace estallar aquella pompa a la que se aferraba para recordad. Sabe que no lo va a conseguir, que pequeñas esquirlas de desesperación, odio, rencor e impotencia se han clavado en su cuerpo, haciéndola sentirse mancillada y sabe que esas esquirlas y esa sensación impedirán que sonsiga más euforia de la que ya le estuvo permitida, y que permanecerán en su cuerpo durante demasiado timpo, porque le da mucha importancia, pero ha pasado demasiado tiempo en aquella situación, en forma de espiral interminable, como para que unos días más así le impidan intentar conseguir su objetivo, que con creces mereciera estar unos días así y más: la felicidad absoluta, la que se le robara al principio de aquella situación. La persona, entonces, intenta conseguir una idea ajena, proveniente de una mente clara y que no esté en su misma situación. Es entonces, cuando se acude a otra persona, cuando se ansía tanto la esperada meta, cuando se decide creer todo lo que le diga a quien acudió. Es en ese moemnto cuando la mente decide hacer "reset" y aceptar como la verdad absoluta lo que le explique el otro, independientemente de las experiencias anteriores, con tal de ser feliz. Con tal de volver a la normalidad. Pero, curiosamente, en ese momento no te das cuenta. Cuando ves el final del túnel sólo te preocupas por ser alegre y dejar escapar una sonrisa. Tarde o temprano, se vuelve a ser feliz ... sinceramente ...
u ocultando la mentira. Es eso verdadera felicidad ...
¿O una mentira y amargura piadosas?
Me encanta como escribes, y es que lo haces genial :)
ResponderEliminarespero que consigas mas seguidores y qe sigas actualizando ^^
Es precioso, muy profundo, eres unika.
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