(:

That looks who transformed the universe...

viernes, 16 de abril de 2010

Aquella tarde...

Esta es mi primera entrada con un escrito, es el mismo que el que presenté en el concurso del colegio.
Decidme sinceramente si os gusta, por favor :)
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Estaba sentada en la mesa de su habitación. Tenía los ojos cerrados, un rictus de agobio en la cara. Una pila de libros, hojas de apuntes y deberes, el único horizonte para ella, recogido en ordenadas pilas a su lado, martirizándola con su presencia. Un silencio tenso y hondo, que duró unos segundos hasta que al final abrió los ojos, flotó en el ambiente. Una mirada desesperada, dirigida a los inocentes jazmines que adornaban su jardín. La luz del ocaso ya bañaba todo de una suave luz dorada, una falsa impresión de calor, que provocó un gesto de desprecio en su cara, que, seguidamente, fue sustituida por otra mirada de impotencia. El tiempo se le escapaba, ella no podía hacer nada para evitarlo, se le iba poco a poco, poco a poco...
Una punzada de impaciencia motivó un rápido gesto de su brazo derecho para coger el lápiz, preparada para continuar haciendo ejercicios, no podía desperdiciar un segundo. Pero aquella luz dorada, que de repente se le antojó mágica...la imagen de la niña pequeña que había sido, jugando con su hermana, a aquellas horas del día, con una sonrisa sincera en la cara. Sin agobios. Sin preocupaciones. Embargada de aquella encantadora sencillez que caracteriza a los niños pequeños, sin nada en su pequeña cabeza que la idea de pasarlo bien. La sensación de ser libre.
Sonrió al pensar las veces que habría deseado poder volar como los pájaros, dejar todas las preocupaciones atrás, tener la sensación real de no tener ningún agobio ni ninguna preocupación, de dejar las responsabilidades en cualquier parte y alejarse de ellas lo máximo que le permitieran sus alas. Aunque en aquellos momentos se conformaba con tener un momento de paz, de serenidad. Una creciente irritación, al observar de nuevo los libros, al saber que, al menos en ese momento, ni siquiera eso le sería concedido.
De repente, una canción surgió en su cabeza. La muchacha cerró los ojos de nuevo, concentrándose en la letra. Ese simple ejercicio le hizo tranquilizarse ligeramente. Desde pequeña, la música había sido su fuente de relajación. Un mundo, hecho a su medida, donde todo era posible. Cada canción le sugería algo nuevo y maravilloso. O al contrario. Eran las canciones cuando, en algunos momentos, decidían su estado de ánimo. Horas y horas de angustia, cuando una canción triste le llegaba hondo. Felicidad sin límites, horas de risas, de emociones, cuando una canción le gustaba. Imaginaciones, todas distintas para cada momento. Incluso, en una misma canción, la música para ella significaba cosas diferentes. Con la música, con una simple canción, con una parte de ella, la muchacha era libre. Su imaginación se desbocaba, los límites desaparecían, una sensación de tranquilidad y bienestar, creciendo como una delicada y hermosa flor en su interior.
De pequeña, y ahora algunas veces, no comprendía a las personas que, en mitad de una canción, se levantaban y se iban, o se ponían a hablar. ¿Es que no les producía la misma sensación que a ella?¿No alcanzaban esa serenidad tan preciada? A medida que fue creciendo, se acostumbró a guardar esos momentos para sí misma, a reservarlos como un preciado tesoro, pues los consideraba como tal, a no creer que ella era la rara, y a sentir pena por esas personas, que no podrían disfrutar de esos momentos. Una sensación cálida, recorriéndola de punta a punta.
Los mismos sentimientos se formaban en su interior cuando hacía otra de sus actividades predilectas: escribir, siempre y cuando tuviera algo que contar, claro. Las palabras fluían de ella como un torrente invisible de sentimientos mezclados, que a su paso dejaban sus inconfundibles huellas en el papel. Dejaba plasmada una parte de ella en cada una de sus historias, una pequeña parte de sí misma se quedaba allí. Necesitaba escribir como el beber. En sus escritos se desahogaba, relataba sus penas, sus alegrías. Se abstraía completamente del mundo exterior, en ese momento lo único existente eran el papel y ella, lo demás eran cosas borrosas, de un segundo plano. Permanecía así desde que empezaba hasta que, con una emoción contenida, escribía con expresión triunfal el último punto. Lo mismo le pasaba con la lectura: después de unos segundos la historia la sumergía, se metía de lleno: vivía, sentía, olía...era como si una parte de ella se trasladara de su cuerpo a otro, el del protagonista, y de pronto podía estar en la Edad Media, admirando los castillos, como en la prehistoria, observando perpleja cómo una piedra frotada con otra generaba fuego, y éste a su vez calor y protección. Así con todas las historias.
Cosas del pasado. ¿Cuándo fue la última vez que experimentó la agradable sensación de terminar una historia? Ni siquiera se acuerda. Una arruga de concentración recorre su frente. La busca en vano.
Pues los años pasaron, y con ellos las ideas para escribir. Demasiado atareada en las tareas cotidianas. Tan poco tiempo libre. Miles de opciones le cruzan la mente cada día, todas mueren cuando se ven cara a cara con el papel. Y la afortunada que será la elegida no llega...
La oscuridad empieza a cubrir todo con su manto de estrellas. Hace ya tiempo que el sol ha dejado paso a la luna. La muchacha, cansada, se acerca a la ventana para bajar la persiana. Y, con el último rayo del sol, una chispa surge en su mente. Sus ojos verdes se iluminan, por primera vez en varios días. Una sonrisa, esta vez de verdadera felicidad, se forma en su rostro. Coge un cuaderno y un lápiz. Empieza a escribir. Hojas y hojas, sus ganas de, al fin, contarlo todo no tienen límites. Las horas pasan, pero esta vez la muchacha no se entera ya del paso del tiempo. Cuando escribe, todo pasa a un segundo plano.
Y, ya a medianoche, deja el cuaderno y el lápiz, sin dejar su sonrisa, para ir a dormir. Su risa clara, sincera, sale de sus labios al fin.
Cuando se duerme, duerme serena.
Al fin había encontrado la idea. La idea que llevaba buscando desde hacía mucho tiempo. La historia...
...de su propia historia.

2 comentarios:

  1. Está muy bien, chica, me encanta (:
    tienes un vocabulario, que bua, flipante, y escribes muy bien ^^
    Me gusta (:
    te sigo!
    un beso fuertee (:

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  2. Jajaja muchísimas gracias, pero ni comparación con los tuyos :D
    Sí, sígueme!!! :)
    Un beso muuuy fuertee ;)

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Si me pones un COMENTARIO yo te doy UNA MIRADA(: