Una pisada apresurada. Una mirada rápida y llena de significado. Un parpadeo nervioso.
Aquella negrura infinita, llena de misterios, de antigua vida…
La muchacha se paró inconscientemente, miró con intensidad por aquellas ventanas antiguas, que antaño tuvieron algo más que aquellos jirones y aquellas esquirlas del cristal que habría cubierto aquella pequeña puerta hacia lo desconocido, hacia el pasado...y que tanto le atraían. Como un imán magnético, una chispa de energía. Suavemente, la adolescente pasó la mano por aquella pared de piedra, llena de musgo, de humedad, tiernamente, como si intentara transmitir algo de su propia energía, de aquella juventud…cerró los ojos, imaginándose cómo habría sido aquella casa, cuando la pintura de las paredes no estaba desconchada, cuando las plantas no reinaban en su oscuro interior, cuando las risas de los niños salían de aquellas ventanas abiertas, dejando entrar la luz del sol de mediados de verano. Una sensación cálida, aquella casa llena de vida.
Un golpe sordo hizo que la joven abriera rápidamente los ojos, y recorriera con un brillo de tensión y nerviosismo en su mirada aquella pared y aquella ventana, de la que únicamente se veía oscuridad. Puso la mano en el marco de la ventana, y entonces, con una angustia creciente, se dio cuenta de lo que había producido aquel ruido que la había sobresaltado. Una marca blanca, apenas imperceptible, señalaba, en su dedo anular, el lugar donde tendría que haber estado su anillo, un regalo, al que le tenía muchísimo cariño y aprecio, a pesar de que la muchacha nunca había conocido a la persona que se lo había regalado. Un suceso extraño, que creaba una atmósfera mágica y curiosa alrededor de aquel objeto, y que acentuaba su valor y la admiración de la joven.
Observó, casi con desesperación, aquella negrura, con aquella vana esperanza que sólo se pierde cuando uno se da de bruces con la cruda realidad, buscando un destello, algo…
El corazón le latió con más fuerza que nunca al ver una pequeña luz al fondo de la estancia.
Sigilosamente, con una sensación de culpa que no le paraba de estallar en la cabeza, empujó la puerta, que casi se cayó sola, como en un segundo plano, con sus grandes ojos verdes observaba desde arriba a aquella alocada muchacha abrir la puerta, con la cara tensa, y las manos temblando, hasta que, con un parpadeo inconsciente, observó, desde sí misma, la eterna negrura que se extendía a su alrededor. La adolescente sólo tenía ojos para aquel pequeño resplandor, el tiempo acuciaba. Avanzó con pasos temblorosos, alargando la mano, en un inútil intento de coger el anillo…
La muchacha no recuerda bien qué pasó entonces, todo ocurrió demasiado rápido. Un rápido movimiento, un azul intenso…la conciencia, ya de vuelta, la sorprende caída en el suelo frío de la estancia, observando con cara horrorizada una sombra…que se levanta a pocos metros de ella. Sus ojos, acostumbrándose a toda velocidad a la oscuridad reinante, reconocen una silueta, que sube la cabeza…
Unos ojos azules, los ojos azules más puros e intensos que la muchacha había conocido jamás, le devuelven la mirada, con un brillo entre lo extrañado y lo divertido. Tras unos segundos, la muchacha ve que le está tendiendo la mano, un gesto amable y exento de malicia. Duda unos segundos antes de estrechársela, y el muchacho la ayuda a levantarse. Durante unos segundos la muchacha olvida porqué está ahí, la razón de haber entrado en aquella casa…
Hola (:
ResponderEliminarme ha encantado este texto, escribes genial :)
tienes una facilidad de descripcion increíble, en serio!
un beso!
Madre, que bonito! me ha encantado! tienes que seguir escribiéndola, espero saber quien es ese muchacho y ke sucede con el anillo.
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